Mr. Dick lo dijo…

… el 31/12/2016 a las 06:14 pm


Realismo mágico y expectativas realistas

Cuando se leen declaraciones de uno de los principales “líderes” de la oposición, quien fuera electo presidente y se dejó robar las elecciones sin ofrecer resistencia, diciendo entre otras memeces que <<el tiempo de Dios es perfecto>>; cuando se lee a la esposa de un preso político, aspirante a la presidencia, declarando que con su liberación <<se ha cumplido la justicia divina>>; cuando se encuentran en un foro memeces como <<Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo de fecha tal>>, <<Mensaje de la Santísima Virgen María de fecha cual>> o pronósticos de charlatanes haciendo predicciones fechadas y de carácter político; cuando se agradece a un Dios por el año que termina aunque hayan comido de la basura para poder sobrevivir; cuando los deseos para el próximo año son <<Dios nos ampare>>, en fin, cuando todo lo que sucede y se espera que suceda tiene como explicación que se debe a disposiciones de un ente cuya existencia no se puede comprobar, las mentes racionales, no creyentes o creyentes pero no fanáticas, sienten una gran desolación, una profunda desesperanza que las sume en un estado de ánimo inadecuado para la lucha; sienten la ausencia de liderazgo, sienten el impacto desolador de la profunda mediocridad de quienes pretenden asumir el liderazgo.

El pensamiento mágico que tiene mucho que ver y fundamenta la superstición y la religión, está presente en toda la humanidad, pero en nuestra América Latina y particularmente en Venezuela, ahora invadida e influida además por la santería insuflada por cubanos invasores –en un mezclote de fe, magia y superstición– está generando un daño tremendo a la población porque ofrece explicaciones irracionales, incluso a hechos de carácter político que tienen una clarísima causalidad, explicaciones irracionales que ocultan las verdaderas relaciones causa-efecto entre las acciones de los actores políticos y los resultados de su gestión. Esta irracionalidad contribuye a generar un estado mental de sumisión y resignación ante lo que se considera designios de los dioses, espíritus, muertos, etc.

A lo largo de estos amargos 17 años del régimen chavista, heredado por la mafia cívico-militar que ahora controla el poder en Venezuela, la gente ha sido manipulada apelando a la fe, a sus sentimientos, a sus creencias, a sus emociones; esto se comprende por parte de un régimen inmoral como el que sojuzga a Venezuela, pero lo peor es que desde la oposición los supuestos líderes, llamados a dirigir la restitución de la democracia y la recuperación del control del Estado y de sus instituciones, también recurren a las mismas artimañas.

Parece no haber en Venezuela líderes con un nivel de pensamiento por encima del promedio y esto es gravísimo. No hay pensamiento de altura, de calidad y del nivel que se requiere para mover a las masas, para dirigir este país y menos aún para sacar adelante a un país en las circunstancias actuales de Venezuela.

El país le queda grande a los políticos actuales. Cuando se leen sus declaraciones se encuentran los mismos lugares comunes de cualquier lego de la calle o de cualquier foro. Los políticos de oposición han demostrado no tener las competencias necesarias para superar el nivel de pensamiento de los dirigentes del régimen, ni para estar un paso delante de ellos; los políticos de oposición son reactivos a las acciones del régimen, se ocupan demasiado del diagnóstico y no de diseñar, divulgar y ejecutar las estrategias para la erradicación de las causas de los problemas que afectan al país.

Luego del tiempo perdido, de las expectativas defraudadas y de las promesas incumplidas, el año 2017 debe ser el año de las movilizaciones y de las acciones materiales contundentes, no de la fe ciega, ni de los diálogos improductivos, ni de la declaración de intenciones; claro está, a menos que como muchos suponen, los políticos de la oposición sean parte del problema y no de su solución.


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Raúl Núñez
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